Túcume:
Son pocos los lugares que me inspiran pertenencia. Este es uno de ellos. Es como cuando se camina por muchas horas hasta encontrar un lugar que nos trae tranquilidad y buena energía, y ahí queremos permanecer, como en un oasis que nos ofrece descanso.

Viajé por primera vez al Norte del Perú a fines de los 70. Era muy joven entonces. Cuando uno es joven siente siempre que va al descubrimiento del Egipto de aquellos antiguos viajeros y cronistas, como el de Carnarvon y el descubrimiento del rey Tutankamón, y, entonces, las experiencias que uno vive y las cosas que uno ve lo marcan de una manera más indeleble. He tenido ocasión de regresar a esta región varias veces en mi vida, sin explicarme verdaderamente por qué.
Un día, estando en Túcume, y de manera casual, me hago esta pregunta; me digo ¿qué hay aquí que me atrae tanto? Tal vez es esta sensación de pertenencia. O acaso es ella fruto de esas experiencias indelebles que cargo conmigo desde mi juventud. O tal vez es porque, en cierto sentido, el Norte del Perú es un lugar muy parecido al Egipto del siglo 19 e inicios del 20: con sus templos prehispánicos, sus momias y sus arenales atravesados por objetos del pasado.
Entonces, el momento de introspección se acaba y regreso a la realidad: estamos en el Perú y no en Egipto… ¡aquí hay aún mucho por hacer! Y me regresa de una manera ese joven aventurero de los 70 que va al descubrimiento, esa sensación de potencia y posibilidad, pero cambiada, madurada, por la de un hombre con experiencia que ahora puede convertir el anhelo en acciones concretas y obtener resultados.
He así como llegamos a lo que, con mucho cariño, hemos bautizado “El tour Madre Tierra”.
“El tour Madre Tierra”:
Errar por el mundo de hoy no es —como lo fue hasta inicios del siglo 20 y antes— solo el deseo de un joven aventurero que da vueltas hasta tener que regresar a casa por haberse acabado el último céntimo de sus ahorros y porque tiene que cumplir con los compromisos que se ha impuesto y que la sociedad le ha impuesto. Hoy nuestros viajes se dan también por factores de trabajo, económicos y hasta climáticos. La practicidad de desplazarse rápidamente de un lugar a otro nos ha permitido convertir el viajar en algo usual y poco importante. Sin embargo, esto no nos impide llevar con nosotros nuestros valores y bagaje cultural y hacer algo útil con ellos.
En mi tarea de promover los valores culturales de mi país y, en particular, del Perro Sin Pelo del Perú me enteré de la existencia del Cementerio de Perros Sin Pelo del Museo de sitio de Túcume. Decidí, entonces, aprovechar de este escenario para depositar las cenizas de dos de mis adorados canes que fallecieron en el año 2012, Pau y Kiki, de manera que descansen permanentemente en dicho lugar y, así, unirme a la causa de la gestora de esa brillante obra que busca poner nuevamente en alto el valor de este perro para la sociedad peruana.

Se trata de la arqueóloga Bernarda Delgado Elías, directora de dicho museo, y mujer de gran sensibilidad hacia el patrimonio nacional, hacia los animales y, en particular, hacia el Perro Sin Pelo del Perú.
He tenido la ocasión de visitar el lugar algunas veces y de inmediato sentí —como he sentido siempre sobre Túcume en general— que este cementerio es un lugar de tranquilidad y buena energía, de descanso merecido para nuestros adorados Perros Sin Pelo. Me dije que era la morada ideal para mis Pau y Kiki y, en efecto, para todos los perritos Sin Pelo que han tocado la vida de sus humanos.
Encuentro con Bernarda Delgado Elías (Directora del Museo de sitio de Túcume) en el cementerio de perritos Sin Pelo del Perú:

“Todo empezó en 1997”, me dice Bernarda, “con Chisca Primera, Chilalo y Pucky. Me los trajeron bebitos en un costal, pero solo podía comprar dos de ellos. Entonces, llamé a mi hermana, quien compró a Pucky. Y, así, ya no tendría pena al pensar en el destino que le depararía a Pucky”.
Conteniendo las lágrimas, me lo explica con esa gran emoción que delata una verdadera y profunda sensibilidad por el tema. Hablar con ella es como un regreso al pasado: su amor y veneración por los canes peruanos me hace revivir las costumbres de nuestros ancestros como algo que aún se trasmite a través del tiempo de generación en generación.
Me digo que es un sentimiento bastante natural en caso de Bernarda, pues ella es de Lambayeque, nació y creció en la ciudad de Monsefú, pueblo festivo de agricultores y artesanos conocido como la “ciudad de las flores”. En su infancia estuvo rodeada de animales de compañía muy queridos por su familia: nos cuenta del primer perrito Sin Pelo de sus padres llamado Nat King Cole (como el célebre cantante de jazz) y de Waro, otro perrito sin pelo que tuvo ella cuando era muy joven. Actualmente, una de sus grandes compañeras es Celeste, una perrita Sin Pelo de ojos celestes (color de ojos bastante singular para esta raza de perros); además de Celeste tiene a Manchas y a Ñamla (como el dios “ave de mar” de la leyenda de Lambayeque), ambos Perros Sin Pelo hijos de Celeste.
Su cariño por los canes también la ha hecho afrontar momentos muy tristes. Pero gracias a su fuerza de espíritu sale adelante, criando nuevos perritos, contribuyendo activamente en la preservación de esta raza en Lambayeque. Bernarda me dice: “Los adoro porque son perritos juguetones y energéticos, y son muy cariñosos”.

El vínculo de ella con sus mascotas es admirable. No solo por el hecho de que los adopta de brazos abiertos para vivir con ella, sino además porque les ha procurado un lugar de descanso especial luego de su muerte. “Chilalo murió chiquito”, me dice, “y lo enterramos en este sector. Pero no había cementerio en esa época. Chisca Primera era una perrita muy buena. Tuvo hasta 4 camadas de perritos. Ella fue la que me inspiró a construir este cementerio de canes Sin Pelo del Perú. Serán nuestros ángeles guardianes por toda la vida”.
Sin lugar a duda, Túcume goza de una riqueza en folclor que es fuente de inspiración para artistas. El aprecio por sus difuntos se refleja a través de las capillitas y templetes de borde de carretera diseñados por sus propios pobladores. Bernarda, como buena lambayecana, ha diseñado las capillas para sus canes. Nos cuenta: “Cada can enterrado en este cementerio ha sido muy querido.

Calac nació en la última camada de Chisca Primera. Era uno de los más grandes y era el menos parecido a los otros. Era muy noble y desprendido. Él adoptó a Samín, que era más territorial.”
Richie, quien acompañó a Bernarda por 15 años tuvo un vínculo muy estrecho con ella. Bernarda le consagró un epitafio muy especial:

«Mi Richie, tan querido, dulce, tierno y tan obediente …
15 años conmigo, y ahora seguro que me acompañarás desde donde estés, mi querido viejito. Descansa en paz mi fiel y único amigo…»
Es evidente que la relación con los perritos ha sido muy cercana.
Ella y el resto del personal del museo hacen una bolsa monetaria para alimentarlos, vacunarlos y darles cuidado, ya que el museo en sí no tienen presupuesto para ello. Solo de esa manera pueden mantenerlos sanos y contentos en vida. Luego, algunos miembros del personal ayudan también con la construcción de los mausoleos. Bernarda nos dice: “Son personas que saben hacer de todo; inclusive algunos modelos son producto de su propia inspiración. Los materiales que usamos son adobe, caña y ramas de algarrobo. Ahora, con los cambios climáticos, reforzamos las bases con un poco de cemento y los techos con loseta. La pintura es especial y se le da mantenimiento. Ya que el cementerio se sitúa en ambiente rural quería que tenga mucha presencia”.

Y presencia es justamente lo que tiene. Los colores que usan en los mausoleos son típicos de la región y los encontramos en los artefactos y objetos utilizados en las culturas pre-hispánicas del lugar. Son tonalidades de ocre (rojos y amarillos), turquesa, esmeralda, malaquita, lapislázuli, etc. Además, cada mausoleo está ornamentado con bellas flores blancas y con distintas tonalidades de color rosa llamadas “Chavelita” (Catharanthus roseus). Por último, cada uno lleva enmarcada el retrato del perrito que se halla enterrado en él. Cada perrito tiene su epitafio y su descripción, resaltando sus bondades y talentos. De esa manera, estarán ellos siempre presentes en la vida cotidiana de Bernarda y del personal del museo.

Cuando me habla de cada mausoleo, siento que escuchara el relato de cada ceramio funerario hecho por nuestros antepasados lambayecanos (en aquella época sin escritura). Es impresionante ver cómo el arte y el culto por nuestros canes se reinventa y renace de manera natural a través de los tiempos.
“Nos gustaría dar espacio a las personas amantes de esta raza canina para que sus perritos tengan su última morada en este cementerio”, me dice. “Túcume tiene más de 221 hectáreas y tiene para crecer, y los costos de construcción de los mausoleos son muy bajos”.

El cariño y paz que irradian del lugar lo han convertido, hoy por hoy, en el circuito turístico ineludible del museo y, lo que es más, motivo de admiración de los visitantes, lo cual naturalmente enorgullece muchísimo a Bernarda, a sus colaboradores y a los habitantes de Túcume.
Madre Tierra: “de ti venimos y a ti regresamos”:

El destino me puso junto a Pau y Kiki, mis grandes amigos, y así emprendimos esa gran aventura de recorrer Europa para dar a conocer su raza en exposiciones caninas. Tras su fallecimiento en el 2012, decidí guardar sus cenizas con una sensación de pertenencia, como un lazo irrompible que se merece mucho aprecio y cuidado. Pero mis sueños de seguir promoviendo su raza no se paralizaron: aún siguen vivos. He allí mi regreso a la realidad: ¡estamos en el Perú y aún hay mucho por hacer!
Como viajero de estos tiempos modernos que va al descubrimiento del Perú pre-hispánico, pienso que hoy por hoy los viajes se realizan también para hacer algo útil con nuestros valores culturales. Es indudable que Túcume es el sitio ideal de reposo y la última morada perfecta para mis adorados Pau y Kiki, ya que junto a los perritos de esa ciudad contribuirán a la conservación de su raza y la perpetuación de los valores culturales que esta simboliza. De modo que, en muchos sentidos, creo que esta aventura específica que comencé con mis querido Pau y Kiki cierra círculo hoy con ellos formando parte permanente de esa gran iniciativa por la revalorización del Perro Sin Pelo que es el cementerio de Perros Sin Pelo del Perú de Túcume. Siento que he cumplido con mis queridos amigos, que los enorgullecería seguir representado a su grandiosa raza milenaria de este modo. Y siento que ahora tengo algo más que me vincula a este hermoso lugar; otra excusa para verme de nuevo en sus tierras muy pronto.

Cuando Bernada se muestra orgullosa de la admiración de los visitantes al sitio no puedo evitar sentirme orgulloso yo también: de su iniciativa y la iniciativa de sus colaboradores, del papel que ahora cumplirán en ella mis queridos Pau y Kiki y, sobre todo, del gran avance que estamos logrando, juntos, aquellos que en todo el mundo amamos al Perro Sin Pelo del Perú, esta raza milenaria peruana, patrimonio cultural de nuestra nación. Aún queda mucho camino por recorrer, pero con gente maravillosa como Bernarda Delgado Elías y su equipo de colaboradores de nuestro lado, el recorrerlo es algo muy gratificante.



Gracias eternas, por este bello relato querido Pedro, de quienes participamos con mucho amor, del cuidado y preservación de nuestros perritos sin pelo en el Museo Túcume!!
Hermoso, emotivo reportaje , felicitaciones Santiago. Felicitaciones y un reconocimiento especial a nuestra querida Bernarda y todo el equipo que le acompaña.
Felicitaciones Santiago, Hermoso y emotivo reportaje. Felicitaciones y un reconocimiento especial a nuestra querida Bernarda y el equipo que le acompaña.. Efectivamente único este cementerio de perritos con un diseño original.
El perro peruano es oriundo de los desiertos de Nazca, IcaI Perú, lo corrobora las figuras ancestrales encontradas en las líneas de Nazca, ..yo tengo dos Malicha y Pelacho, son grandes ,imponentes co mucha personalidad, los cuido mucho para k me se reproduzcan, en su primera camada tuvieron 7 machitos,.. 4 peladitos y 3 peluditos,…sufrimos mucho para encontrarles un buen hogar y se me rompia el alma ver la tristeza en los ojos de la madre cuando tenían k llevárselos, era como si se llevaban a mis nietos, x k yo los ayude a nacer, los alimentaba y cambiaba sus sábanas , los felicito k hayan tomado interés en investigar y difundir esta raza de perros k es pura sangre peruana, y no hay otra en el mundo….parecido son los perros chinos pero son chikitos y el pelito de su cabeza es largo, ..los nuestros son grandes, fuertes e imponentes con mucha personalidad