Montecarlo – Mónaco:

En el año 2010 estuve en el Campeonato internacional canino de Mónaco con mi perrita Llasha Pelito —conocida en casa como Killa— quien me había dado el año anterior la gran alegría de ser el primer ejemplar hembra de raza Perro sin Pelo del Perú en ganar el trofeo del Mediterráneo y que, ahora, acababa de hacerlo nuevamente, convirtiéndose en la primera Perro sin Pelo en ser coronada Campeona de Mónaco el 10 de abril de 2010. De más está decir que no cabía yo en mi piel del orgullo que tenía por esta perrita que representaba al Perú y a su raza, más aún sabiendo que este triunfo marcaría un hito en la historia de nuestra única raza canina peruana. Pero nunca hubiera adivinado que esta visita a Mónaco nos depararía otro galardón que, aunque no fuera oficializado por un concurso, ciertamente llevaba un peso Real.
Estábamos paseando por las instalaciones del concurso, Killa y yo, buscando una salida para tomar un poco de aire y disfrutar del agradable sol de Mónaco en primavera. El que haya asistido a uno de estos eventos en instalaciones similares sabrá lo complicado que es hallar el camino correcto ¡y lo fácil que es perderse irremediablemente y acabar en el cuarto de calderas! Pues, en esta ocasión Killa y yo tuvimos cierta suerte y acabamos encontrando una salida lateral que nos abrió paso a una callecita poco transitada, donde un pequeño parking recogía los autos de los oficiales del concurso, y un parque con árboles de olivo inauguraba la vista a un panorama hermoso de las colinas que rodean la bahía monegasca con sus casas suntuosas de un resplandor blanco bajo el sol de abril. Este paisaje natural me traía recuerdos de mi infancia, de casa y los jardines de Lima, del árbol de higos con sus deliciosos frutos aromáticos que habíamos heredado de mi bisabuelo y que provenía de Palacio de Gobierno, y que, como los olivos de Lima, habían sido llevados ahí en la década de 1530 por una mujer sevillana a quien se le reconoce como fundadora de la “Huerta Perdida” del Monasterio de la Concepción y por introducir gran variedad de flora europea a la Ciudad de los Reyes (Lima) y, así, el Perú en general.
Yo aprovechaba para hacer uso de mi cigarrillo electrónico en celebración de lo contento que estaba y dejaba que Killa olfateara alegremente la grama en el perfecto parque de olivos que había ahí solo para ella. De repente, oí una voz algo quebrada por la edad exclamar con entusiasmo:
“¡Esa perrita es de raza Perro sin Pelo del Perú!”.
Volteé, bastante sorprendido, pues no es tan común como el lector de un blog sobre Perros sin Pelo pensará, tal vez, oír que reconocen a la raza en la calle. Mi sorpresa solo pudo incrementar cuando vi a la persona que había producido la exclamación: una mujer muy mayor abriendo la puerta del copiloto de un lujoso auto negro, apoyada en un bastón a medio camino de bajarse del asiento, y que inmediatamente reconocí como Antoinette Louise Alberte Suzanne Grimaldi, condesa de Polignac, Baronesa de Massy, hermana del Príncipe Reniero III y Princesa consorte de Mónaco —además de Presidenta de la Sociedad Protectora de Animales de Mónaco y de la Société Canine de Monaco, y, desde luego, ¡cinófila sin igual!

Por el que dude del título… del de “cinófila sin igual”, claro… diré que Su Alteza Serenísima la Princesa Antoinette de Mónaco llegó a tener más de 400 canes en su propiedad en la localidad de Èze, en Francia, muy cerca de la frontera monegasca. Además de ser patrocinadora de al menos una casa para perros y gatos, de la que se sabe, con sede en el Reino Unido. Nacida el 28 de diciembre de 1920 en París, fue la hermana mayor del Príncipe Reniero III (quien rigió el Principado de Mónaco durante casi 56 años, más de 30 de ellos con la actriz estadounidense ganadora del Oscar Grace Kelly como Princesa consorte de Mónaco) y tía de Alberto II, el actual Príncipe de Mónaco. A sus 30 años asumió la Presidencia de la Société Canine de Monaco, habiendo ya sido Presidenta de la Sociedad Protectora de Animales de Mónaco, como comenté hace un momento.
Todo esto yo ya lo sabía; además sabía que, como es de esperarse, ella acudía frecuentemente a los concursos caninos en Mónaco, de modo que no me sorprendió en absoluto encontrarla llegando a las instalaciones del Concurso internacional canino donde competía Killa. Lo que sí me produjo cierto asombro fue que S.A.S. la Princesa Antoinette de Mónaco, a sus 89 años, se acercara sin ceremonia alguna a Killa y más bien como quien ve un lindo cachorro y no puede evitar inclinarse a acariciarlo. En realidad, con una momentánea agilidad que me dejó boquiabierto tratándose de una mujer de su edad, jugueteó con Killa, feliz de ver un perro de una raza tan singular y, lo que es más, tenerlo todo para ella, al punto de pedirme su correa para pasearla un rato.

Hay algo que produce en uno la presencia de un miembro de la Realeza que solo se puede expresar como una “tensa y respetuosa reserva”. Y, claro, el que conoce a un perro sabe que ellos normalmente no creen en la solemnidad… pero no así un Perro sin Pelo del Perú: ellos son una criatura completamente aparte. Mirando para abajo sonreí nuevamente con orgullo al ver que Killa recibía las caricias de la Princesa y las palabras de ternura que esta le ofrecía con un agradecido movimiento de su colita pero que, por lo demás, estaba absolutamente quieta, orgullosa, con el pecho bien erguido, como diciendo: “Yo también soy princesa, ¿sabe? ¡Una princesa moche!”
En efecto, S.A.S. la Princesa Antoinette de Mónaco conoció esta raza a través de su larga trayectoria en el mundo canino internacional y reconocía, entonces, el largo e incierto camino del Perro sin Pelo y, sobre todo, el valor ancestral e histórico que traía a cuestas. No obstante, esta era la primera vez que un ejemplar de Perro sin Pelo del Perú nacido en el Perú se presentaba en un campeonato en su país e, indudablemente, la primera vez que ella tenía la oportunidad de recibirlo ahí. De modo que además de acariciarla y felicitarla a Killa, me manifestó a mí su agrado de recibir por primera vez a un ejemplar de un país tan lejano como el Perú.
En esa charla que tuvimos fuera del Concurso canino internacional en Mónaco, S.A.S. la Princesa Antoinette de Mónaco no solo reconoció al Perro sin Pelo del Perú por sus atributos físicos, sino también y sobre todo por sus cualidades de comportamiento.
“Más que por sus propias cualidades, aprecio al can por las cualidades de su amo”,
dijo la Princesa, refiriéndose al hecho de que el buen comportamiento de un perro tiene tanto que ver con la crianza que se le da como con la genética. Me comentó, además, que su madre, la Princesa Carlota, fue también una gran apasionada de los canes… tal vez demasiado, al punto de parecer “más interesada en sus perros que en sus hijos”, según me dijo, con cierta gracia.

Este breve encuentro entre una Princesa europea y una Campeona de raza peruana en el mundo y el gran respeto que aquella mostró por el Perro sin Pelo del Perú fue una de las piedras angulares que me inició vehementemente en el camino de la revalorización de este perro, pues incluso entonces me hizo entender que este perro era muy querido internacionalmente por la poca gente que lo conoce y que, entonces, valía bien la pena hacer que todo el mundo lo conozca y lo valore; sobre todo en su propio país, donde aún hoy es necesario seguir invirtiendo fuerzas en el movimiento para popularizar a esta raza y conseguir que reciba de las autoridades el respecto que bien merece.

Casi cumplido el año del encuentro que aquí menciono, el 18 de marzo de 2011, S.A.S. la Princesa Antoinette de Mónaco falleció a los 90 años, habiendo probablemente sido una figura polémica, y que en el lugar de poder y abundancia que le tocó habrá invertido sus fuerzas y puesto su firma a muchas cosas en la vida, pero que es sobre todo recordada por su gran labor en pro de los animales y, específicamente, los perros. Luego de su fallecimiento, el cargo de Presidenta de la Sociedad Protectora de Animales y de la Société Canine de Monaco lo asumió su hija, la Baronesa Elizabeth-Ann de Massy, quien de este modo continúa hoy con la labor de su madre y su abuela.

A poco más de un año del fallecimiento de la Princesa, mi propia querida Killa, el 8 de septiembre de 2012, falleció en París, siendo ella también recordada por su gran labor en pro de sus congéneres, en especial los Perros sin Pelo del Perú, a quienes representó siempre con mucho orgullo y con mucho suceso en el mundo.
De algún modo, esto último, la perdida de dos de mis queridos perros en el 2012, como los que son ya asiduos de este blog saben, fue otra gran piedra angular que me puso en el camino de trabajar por la revalorización del Perro sin Pelo del Perú. En el marco de esta labor es que surgen los filmes sobre el Perro sin Pelo del Perú que he producido en los últimos años; filmes que de algún modo sirven también de tributo a estos grandes perros que supieron representar tan maravillosamente a su raza frente al mundo. Asimismo, con cierta alegría me enteré hace poco que el “Princess Antoinette Park”, un parque municipal en el boulevard de Jardin Exotique, está dedicado a S.A.S. la Princesa Antoinette de Mónaco. Y que, además de ofrecer múltiples actividades a familias y a la comunidad entera —ahí incluidos los perros monegascos, desde luego—, el parque está dedicado al sagrado árbol del olivo… detalle que indudablemente me hizo pensar en las pequeñas y agradables coincidencias de la vida que me vieron teniendo una furtiva charla con la Princesa de Mónaco, una tarde de abril del 2010, mientras ella jugaba con mi perrita Killa, Campeona de raza en el mundo, en un pequeño parque monegasco donde crecían árboles de olivo.

