¡Desde Francia! Muy pronto: ¡Más información sobre «El Perro sin Pelo del Perú con Pelo»!

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Túcume, 10 de octubre de 2018:
Hoy es el día de mi reencuentro con el artista plástico Diego Manchez Raymondi. Egresado de la Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes de Lima, Diego rápidamente se está haciendo conocer en el mundo del arte peruano por su gran sensibilidad por la preservación de la cultura y, en especial, por la del Perro Sin Pelo del Perú.

Amante de todos los canes, tuvo su primer perrito Sin Pelo a la edad de 15 años: se llamaba Negrito. Lamentablemente, Negrito falleció poco después de tenerlo, pero dicho acontecimiento fue el detonante que orientó su arte hacia la protección del Perro Sin Pelo del Perú y, en general, de la biodiversidad peruana y de sus especies en peligro de extinción. Actualmente tiene a Samín, un Perro Sin Pelo de tres años de edad, y, al igual que Negrito, es su fiel amigo y su fuente de inspiración.
Tuve oportunidad de conocer a Diego en el año 2015 en la Biblioteca Nacional del Perú, mientras se proyectaba mi primer filme sobre el Perro Sin Pelo del Perú en el marco de mi primera gira en el Perú. Entonces él me mostró su arte y yo le encargué una escultura inspirada en el tema de mi película para que adornara mi pequeño “museo” personal de objetos referentes al Perro Sin Pelo del Perú en mi casa en París. Pocos meses después me traje a casa una hermosa escultura a escala real de un magnífico y orgulloso perro que desde entonces es el centro de atención de todo el que visita.

Me mantuve en contacto con Diego y, poco tiempo después, cuando viajaba yo a la sede principal de la Fédération Cynologique Internationale (FCI) en Thuin, Bélgica, con motivo de la ceremonia oficial de presentación del mismo film en la FCI, acordamos que le obsequiaríamos a la sede una estatua suya del Perro Sin Pelo del Perú. Yo había visitado la FCI en años anteriores y había visto cómo las comisiones de diversos países que acudían a ella dejaban obsequios de toda índole que representaban a los canes oriundos de dichos países. Estos obsequios eran expuestos en el pequeño museo que ahí mantienen justamente para ello y, así, no solamente representaban al país visitante, sino que subrayaban la existencia de la raza que representaban ante todo aquel que fuera a la sede principal de una de las más importantes organizaciones cinológicas del mundo. No obstante, el Perú no estaba representado por una obra de arte de esa talla. Así fue que, con mucha alegría, recibió la hermosa escultura de un maravilloso ejemplar de Perro Sin Pelo del Perú el Director Ejecutivo de la FCI, Sr. Yves De Clercq, y develamos al público en esa ocasión el espléndido símbolo de nuestro país y de nuestro patrimonio nacional que desde ese momento en adelante ha ocupado un lugar muy privilegiado en dicho museo, anunciándole a todo el que viene que el Perro Sin Pelo del Perú es una raza que hay que tener en buena cuenta (*).

En esta instancia, Diego me sorprendió avisándome que iría a Lambayeque a darme el encuentro con el motivo de la ceremonia en la cual deposité las cenizas de mis dos adorados perros, Paucar y Killa, en el Cementerio de Perros Peruanos sin Pelo del museo de Túcume. Al darle el encuentro cerca de la entrada principal del museo, veo que ya ha hecho amistad con Ñamla, mascota del museo que lleva el nombre del dios-ave de Lambayeque, y con quien ya está jugando.

Nos saludamos y me dice: “Vengo de un largo periplo de más de una semana entre Cañete, Lima, La Paz y Cusco. En esta última ciudad participé en la exposición artística “Visiones Alternas” en la Pinacoteca del Banco de la Nación. Allí presenté mi pintura “Jatun Allqu”. A pesar de ello, no podía dejar de asistir a las actividades del “Perro Sin Pelo del Perú” en el tour “Madre Tierra” en Lambayeque y estar presente en el acto de deposición de cenizas de tus canes Paucar y Killa. Así que recargué energías y emprendí rumbo para estar aquí.”
Mostrándome un gran objeto envuelto que trae, añade: “He traído una escultura mía que ornamentará el mausoleo de [Paucar y Killa] en el Cementerio de Perros Peruanos sin Pelo del Museo Ecológico de Túcume”. ¡Desde luego, este gesto me causa una muy grata sorpresa y gran emoción! Y con eso me desvela una hermosa escultura trabajada en fibra de vidrio y resina de mis dos adorados perros que serán homenajeados en dicho acto en el museo.
Luego, agrega: “Este lugar es netamente la cuna del Perro Sin Pelo del Perú… me siento como en casa. Es curioso y realmente interesante ver este cementerio de Perros Peruanos sin Pelo con sus mausoleos… ¡es en un lugar encantador! Ver los mausoleos me trae, además, mucha nostalgia ya que me recuerda al proyecto que sigo trabajando desde hace tres años con Samín y que algún día se concretizará… Aun así suene triste, pero para mí sería un honor poder hacerle un monumento y rendir tributo a mi mejor amigo luego de su fallecimiento”.
Diego me confirma que sin duda le atrajo mucho la idea de poder ser el creador de una pieza destinada a inmortalizar a dos canes tan queridos por su amo como lo son Paucar y Killa, tal como lo fue, en su momento, el crear esa pieza representativa del Perú ante la FCI.

Me comenta que su primera inspiración artística fue una escultura en barro llamada “Guardián Viringo”, la cual le sirvió como proyecto de investigación de este cánido en las culturas pre-colombinas. A partir de ese momento y con esta sola e indefectible mira viene trabajando desde el año 2012.
“Viringo, once segundos en el tiempo” es uno de sus proyectos más célebres. Se trata de una instalación realizada en el 2014, parte en su atelier de Cañete, ciudad donde reside, y parte en la Escuela de Bellas Artes de Lima. La instalación consta de 11 piezas de alrededor de 25 kilos cada una realizadas con la técnica del ensamblaje entre fierro y concreto. Sobre ella me comenta: “En ese proyecto quise recrear de manera surrealista a este perro que está saliendo de la tierra, luego, volando en los aires y, posteriormente, regresando a la tierra, como decir: El perro nace de la tierra y tiene que regresar a ella, ¿no? Quise hacerlo con proporciones un poco facetadas y que este perro tenga una propuesta nueva dentro de la escultura, y que se exponga como una obra espacial en una instalación artística”.

Conversando sobre este tema, Diego me dice: “¿Por qué no? Todo esto se juntó: la vivencia personal que he tenido con mis perros y, ahora, mi investigación sobre la arqueología, la historia y todo lo que tiene que ver con el Perro Peruano. La nueva pieza “Paucar y Killa” se realizó con esta óptica y, ahora, permanecerá en el Cementerio de Perros Peruanos del Museo Nacional de Túcume. Es la primera vez que hago una escultura sobre un pedestal en homenaje a dos canes fallecidos. Quise hacer una pequeña memoria de ellos ya que formaron parte de una familia; de esa manera puedo destacar su rol social en el Perú de hoy. Además, esos dos canes participaron como promotores de su raza a través de una obra audiovisual que ha recorrido muchas ciudades del mundo y era natural que se les rinda homenaje. Es definitivamente una propuesta nueva para mí”.

Actualmente, Diego sigue trabajando en desarrollar con la mayor fidelidad la parte realista del perro: en su expresión y aspecto físico. En ese sentido me comenta: “Debí ajustar un poco más algunos detalles; en este caso, trabajé a partir de fotografías y de una pintura de los mismos canes que realicé hace tres años”.
Diego es quizás el primer artista moderno peruano que está incursionando en este tipo de trabajo. Me dice: “Me siento feliz de contribuir con un grano de arena a la preservación de este cánido peruano y, sobre todo, en un centro arqueológico como lo es Túcume. Este perrito es parte de nuestra tradición y lo podemos apreciar en el arte de las personas que vivieron en este lugar en épocas pre-colombinas”.

Hoy, Diego está planteando una propuesta en metal forjado. Me comenta al respecto: “Seguiré trabajando en instalaciones, iconografías, y pienso hacer una propuesta más adversa haciendo traslucir la importancia cultural del Perro Sin Pelo del Perú dentro de mi arte”.
En el camino que me ha llevado el criar y estudiar al Perro Sin Pelo del Perú y, luego, exponer sobre él por todo el mundo a través de los ejemplares que he tenido y que tengo, y últimamente a través de las obras audiovisuales que produzco, he podido conocer un gran número de gente muy entusiasta que dedica su tiempo a la preservación y difusión de esta maravillosa raza milenaria. En la lista de estas personas se encuentra notablemente este joven artista cañetano que con sus espléndidas esculturas naturalistas del Perro Sin Pelo del Perú está poblando casas, embajadas, museos y, ahora, mausoleos con dignos representantes de dicha raza, patrimonio cultural del Perú.

He tenido oportunidad de viajar a diversos países portando, por una razón o por otra, algún ejemplar de su arte y he sido testigo del asombro e interés profundo que produce en todo el que la observa. He visto cómo gente que nunca ha visto un Perro Sin Pelo del Perú al igual que expertos y criadores de dicha raza se han quedado pasmados ante la natural belleza de sus esculturas y la fidelidad del garbo y la expresión de estos perros hermosos. Pero es importante recalcar que más allá de la elegante y sutil expresión de la belleza que irradia el Perro Sin Pelo, el arte de Diego Mánchez Raymondi también refleja el deseo de protección de un patrimonio vivo, conservando, al mismo tiempo, su estética. Es por eso que, sin lugar a duda, su trabajo ofrece gran motivación y retroalimenta a todos los que queremos la conservación del Perro Sin Pelo del Perú.
(*) Visite:
http://newsletter33.dogdotcom.be/es/Diego.aspx
https://www.facebook.com/451501378333370/photos/a.574583902691783/574584639358376/?type=3
Son pocos los lugares que me inspiran pertenencia. Este es uno de ellos. Es como cuando se camina por muchas horas hasta encontrar un lugar que nos trae tranquilidad y buena energía, y ahí queremos permanecer, como en un oasis que nos ofrece descanso.

Viajé por primera vez al Norte del Perú a fines de los 70. Era muy joven entonces. Cuando uno es joven siente siempre que va al descubrimiento del Egipto de aquellos antiguos viajeros y cronistas, como el de Carnarvon y el descubrimiento del rey Tutankamón, y, entonces, las experiencias que uno vive y las cosas que uno ve lo marcan de una manera más indeleble. He tenido ocasión de regresar a esta región varias veces en mi vida, sin explicarme verdaderamente por qué.
Un día, estando en Túcume, y de manera casual, me hago esta pregunta; me digo ¿qué hay aquí que me atrae tanto? Tal vez es esta sensación de pertenencia. O acaso es ella fruto de esas experiencias indelebles que cargo conmigo desde mi juventud. O tal vez es porque, en cierto sentido, el Norte del Perú es un lugar muy parecido al Egipto del siglo 19 e inicios del 20: con sus templos prehispánicos, sus momias y sus arenales atravesados por objetos del pasado.
Entonces, el momento de introspección se acaba y regreso a la realidad: estamos en el Perú y no en Egipto… ¡aquí hay aún mucho por hacer! Y me regresa de una manera ese joven aventurero de los 70 que va al descubrimiento, esa sensación de potencia y posibilidad, pero cambiada, madurada, por la de un hombre con experiencia que ahora puede convertir el anhelo en acciones concretas y obtener resultados.
He así como llegamos a lo que, con mucho cariño, hemos bautizado “El tour Madre Tierra”.
Errar por el mundo de hoy no es —como lo fue hasta inicios del siglo 20 y antes— solo el deseo de un joven aventurero que da vueltas hasta tener que regresar a casa por haberse acabado el último céntimo de sus ahorros y porque tiene que cumplir con los compromisos que se ha impuesto y que la sociedad le ha impuesto. Hoy nuestros viajes se dan también por factores de trabajo, económicos y hasta climáticos. La practicidad de desplazarse rápidamente de un lugar a otro nos ha permitido convertir el viajar en algo usual y poco importante. Sin embargo, esto no nos impide llevar con nosotros nuestros valores y bagaje cultural y hacer algo útil con ellos.
En mi tarea de promover los valores culturales de mi país y, en particular, del Perro Sin Pelo del Perú me enteré de la existencia del Cementerio de Perros Sin Pelo del Museo de sitio de Túcume. Decidí, entonces, aprovechar de este escenario para depositar las cenizas de dos de mis adorados canes que fallecieron en el año 2012, Pau y Kiki, de manera que descansen permanentemente en dicho lugar y, así, unirme a la causa de la gestora de esa brillante obra que busca poner nuevamente en alto el valor de este perro para la sociedad peruana.

Se trata de la arqueóloga Bernarda Delgado Elías, directora de dicho museo, y mujer de gran sensibilidad hacia el patrimonio nacional, hacia los animales y, en particular, hacia el Perro Sin Pelo del Perú.
He tenido la ocasión de visitar el lugar algunas veces y de inmediato sentí —como he sentido siempre sobre Túcume en general— que este cementerio es un lugar de tranquilidad y buena energía, de descanso merecido para nuestros adorados Perros Sin Pelo. Me dije que era la morada ideal para mis Pau y Kiki y, en efecto, para todos los perritos Sin Pelo que han tocado la vida de sus humanos.

“Todo empezó en 1997”, me dice Bernarda, “con Chisca Primera, Chilalo y Pucky. Me los trajeron bebitos en un costal, pero solo podía comprar dos de ellos. Entonces, llamé a mi hermana, quien compró a Pucky. Y, así, ya no tendría pena al pensar en el destino que le depararía a Pucky”.
Conteniendo las lágrimas, me lo explica con esa gran emoción que delata una verdadera y profunda sensibilidad por el tema. Hablar con ella es como un regreso al pasado: su amor y veneración por los canes peruanos me hace revivir las costumbres de nuestros ancestros como algo que aún se trasmite a través del tiempo de generación en generación.
Me digo que es un sentimiento bastante natural en caso de Bernarda, pues ella es de Lambayeque, nació y creció en la ciudad de Monsefú, pueblo festivo de agricultores y artesanos conocido como la “ciudad de las flores”. En su infancia estuvo rodeada de animales de compañía muy queridos por su familia: nos cuenta del primer perrito Sin Pelo de sus padres llamado Nat King Cole (como el célebre cantante de jazz) y de Waro, otro perrito sin pelo que tuvo ella cuando era muy joven. Actualmente, una de sus grandes compañeras es Celeste, una perrita Sin Pelo de ojos celestes (color de ojos bastante singular para esta raza de perros); además de Celeste tiene a Manchas y a Ñamla (como el dios “ave de mar” de la leyenda de Lambayeque), ambos Perros Sin Pelo hijos de Celeste.
Su cariño por los canes también la ha hecho afrontar momentos muy tristes. Pero gracias a su fuerza de espíritu sale adelante, criando nuevos perritos, contribuyendo activamente en la preservación de esta raza en Lambayeque. Bernarda me dice: “Los adoro porque son perritos juguetones y energéticos, y son muy cariñosos”.

El vínculo de ella con sus mascotas es admirable. No solo por el hecho de que los adopta de brazos abiertos para vivir con ella, sino además porque les ha procurado un lugar de descanso especial luego de su muerte. “Chilalo murió chiquito”, me dice, “y lo enterramos en este sector. Pero no había cementerio en esa época. Chisca Primera era una perrita muy buena. Tuvo hasta 4 camadas de perritos. Ella fue la que me inspiró a construir este cementerio de canes Sin Pelo del Perú. Serán nuestros ángeles guardianes por toda la vida”.
Sin lugar a duda, Túcume goza de una riqueza en folclor que es fuente de inspiración para artistas. El aprecio por sus difuntos se refleja a través de las capillitas y templetes de borde de carretera diseñados por sus propios pobladores. Bernarda, como buena lambayecana, ha diseñado las capillas para sus canes. Nos cuenta: “Cada can enterrado en este cementerio ha sido muy querido.

Calac nació en la última camada de Chisca Primera. Era uno de los más grandes y era el menos parecido a los otros. Era muy noble y desprendido. Él adoptó a Samín, que era más territorial.”
Richie, quien acompañó a Bernarda por 15 años tuvo un vínculo muy estrecho con ella. Bernarda le consagró un epitafio muy especial:

«Mi Richie, tan querido, dulce, tierno y tan obediente …
15 años conmigo, y ahora seguro que me acompañarás desde donde estés, mi querido viejito. Descansa en paz mi fiel y único amigo…»
Es evidente que la relación con los perritos ha sido muy cercana.
Ella y el resto del personal del museo hacen una bolsa monetaria para alimentarlos, vacunarlos y darles cuidado, ya que el museo en sí no tienen presupuesto para ello. Solo de esa manera pueden mantenerlos sanos y contentos en vida. Luego, algunos miembros del personal ayudan también con la construcción de los mausoleos. Bernarda nos dice: “Son personas que saben hacer de todo; inclusive algunos modelos son producto de su propia inspiración. Los materiales que usamos son adobe, caña y ramas de algarrobo. Ahora, con los cambios climáticos, reforzamos las bases con un poco de cemento y los techos con loseta. La pintura es especial y se le da mantenimiento. Ya que el cementerio se sitúa en ambiente rural quería que tenga mucha presencia”.

Y presencia es justamente lo que tiene. Los colores que usan en los mausoleos son típicos de la región y los encontramos en los artefactos y objetos utilizados en las culturas pre-hispánicas del lugar. Son tonalidades de ocre (rojos y amarillos), turquesa, esmeralda, malaquita, lapislázuli, etc. Además, cada mausoleo está ornamentado con bellas flores blancas y con distintas tonalidades de color rosa llamadas “Chavelita” (Catharanthus roseus). Por último, cada uno lleva enmarcada el retrato del perrito que se halla enterrado en él. Cada perrito tiene su epitafio y su descripción, resaltando sus bondades y talentos. De esa manera, estarán ellos siempre presentes en la vida cotidiana de Bernarda y del personal del museo.

Cuando me habla de cada mausoleo, siento que escuchara el relato de cada ceramio funerario hecho por nuestros antepasados lambayecanos (en aquella época sin escritura). Es impresionante ver cómo el arte y el culto por nuestros canes se reinventa y renace de manera natural a través de los tiempos.
“Nos gustaría dar espacio a las personas amantes de esta raza canina para que sus perritos tengan su última morada en este cementerio”, me dice. “Túcume tiene más de 221 hectáreas y tiene para crecer, y los costos de construcción de los mausoleos son muy bajos”.

El cariño y paz que irradian del lugar lo han convertido, hoy por hoy, en el circuito turístico ineludible del museo y, lo que es más, motivo de admiración de los visitantes, lo cual naturalmente enorgullece muchísimo a Bernarda, a sus colaboradores y a los habitantes de Túcume.

El destino me puso junto a Pau y Kiki, mis grandes amigos, y así emprendimos esa gran aventura de recorrer Europa para dar a conocer su raza en exposiciones caninas. Tras su fallecimiento en el 2012, decidí guardar sus cenizas con una sensación de pertenencia, como un lazo irrompible que se merece mucho aprecio y cuidado. Pero mis sueños de seguir promoviendo su raza no se paralizaron: aún siguen vivos. He allí mi regreso a la realidad: ¡estamos en el Perú y aún hay mucho por hacer!
Como viajero de estos tiempos modernos que va al descubrimiento del Perú pre-hispánico, pienso que hoy por hoy los viajes se realizan también para hacer algo útil con nuestros valores culturales. Es indudable que Túcume es el sitio ideal de reposo y la última morada perfecta para mis adorados Pau y Kiki, ya que junto a los perritos de esa ciudad contribuirán a la conservación de su raza y la perpetuación de los valores culturales que esta simboliza. De modo que, en muchos sentidos, creo que esta aventura específica que comencé con mis querido Pau y Kiki cierra círculo hoy con ellos formando parte permanente de esa gran iniciativa por la revalorización del Perro Sin Pelo que es el cementerio de Perros Sin Pelo del Perú de Túcume. Siento que he cumplido con mis queridos amigos, que los enorgullecería seguir representado a su grandiosa raza milenaria de este modo. Y siento que ahora tengo algo más que me vincula a este hermoso lugar; otra excusa para verme de nuevo en sus tierras muy pronto.

Cuando Bernada se muestra orgullosa de la admiración de los visitantes al sitio no puedo evitar sentirme orgulloso yo también: de su iniciativa y la iniciativa de sus colaboradores, del papel que ahora cumplirán en ella mis queridos Pau y Kiki y, sobre todo, del gran avance que estamos logrando, juntos, aquellos que en todo el mundo amamos al Perro Sin Pelo del Perú, esta raza milenaria peruana, patrimonio cultural de nuestra nación. Aún queda mucho camino por recorrer, pero con gente maravillosa como Bernarda Delgado Elías y su equipo de colaboradores de nuestro lado, el recorrerlo es algo muy gratificante.
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Conoce el primer cementerio de Perros sin pelo del Perú en el mundo … ¡en Túcume – Lambayeque!.
Muy pronto más información sobre Calac y sobre los perritos sin pelo del Perú que descansan en el Museo de sitio de Túcume y sobre las acciones realizadas por dicho museo en favor de nuestra hermosa raza canina.
¡Entérate más sobre “El Perro sin Pelo del Perú” en el tour “Madre Tierra »!
Gracias Calac, por las alegrías que nos diste en el Museo de sitio de Túcume. Q.E.P.D. (Sra. Consuelo Salas Valladolid – Presidenta de la Asociación Mosaico Cultural).
Continue reading "¿Conoces el primer cementerio de Perros sin pelo del Perú en el mundo?"
Este pasado 09 de Octubre de 2018 en el marco del tour «Madre Tierra» del filme «El Perro sin pelo del Perú» se inauguró la muestra museográfica temporal sobre el Perro sin pelo del Perú. Esta muestra es dirigida por el Arqueólogo Dr. Carlos Elera Arévalo – Director del Museo Nacional Sicán.
Dicha presentación contó con el apoyo de la Asociación civil Mosaico Cultural presidida por la Sra. Consuelo Salas Valladolid y el auspicio del Ministerio de Cultura (DDC Lambayeque) y la UNESCO.
Mas información:
A la salida de la estación de metro Aviatorilor me dirijo hacia el Arcul de Triumf —el Arco de Triunfo, en rumano— un monumento histórico en pleno barrio de
embajadas, también llamado cariñosamente “pequeño París” por los bucarestinos. A unas pocas cuadras queda la calle Intrarea Peru, que quiere decir “Entrada Perú”, y, efectivamente, de inmediato me siento como entrando en territorio peruano, pues ahí mismo veo la bandera y sé que he llegado al lugar correcto. Voy al encuentro de la Embajadora, la señora María Eugenia Echeverría, quien adquirió un ejemplar de Perro sin Pelo del Perú en abril de este año.
Al entrar en la Embajada observo a través del pórtico a un bello Perro Sin Pelo que sale corriendo y moviendo la colita a ver quién se anuncia. Se detiene a unos metros, junto al asta de la bandera peruana que se encuentra en el patio de entrada, como tomando su lugar merecido entre los símbolos internacionales de nuestra identidad patria. Mi comité de bienvenida se trata ni más ni menos de Quilla, la cachorrita de raza peruana que ha llegado a vivir en la Embajada a mediados de este año. Quilla me mira, se acerca para verme mejor, luego se va corriendo con gracia y, enseguida, se detiene y voltea, buscando que la siga en su juego.
María Eugenia, Embajadora del Perú en Rumanía y algunos países aledaños, no solo es una amante de la cultura peruana, sino que además tiene una gran capacidad para poner en alto nuestro patrimonio cultural. Esto lo lleva a cabo a través de la misión oficial que desempeña en su puesto pero también gracias a su talento para decorar su residencia, ambiente que representa a la nación peruana.
“Algunos muebles son propiedad del gobierno peruano”, me cuenta María Eugenia, “otros son míos, así como los cuadros y adornos”, mueve sus manos mostrándome las decoraciones que menciona mientras nos sentamos en el porche de la residencia sobre unos muebles cubiertos con mantos del Cusco y con dos ceramios representativos de la cultura Moche sobre la mesa ratona que tenemos en frente.
A unos metros, desde un hermoso jardín, Quilla contempla a la Embajadora, mientras que ella me dice: “Quilla es muy energética, a pesar del frío que está haciendo en estos días, y que no tiene pelo; ella no lo siente ya que anda corriendo todo el día”. En efecto, Quilla goza de una casa con jardín que le permite dar rienda suelta a su energía y, sobre todo, disfrutar ampliamente del cariño de todas las personas que la rodean y que visitan la sede peruana a diario.
María Eugenia adora a los animales en general. Además de Quilla, tiene dos canes de raza Dachshund, uno de pelo corto y otro de pelo duro. El primero es de origen belga y el otro viene de una familia peruana amante de esta raza canina, con la que María Eugenia ha establecido lazos de amistad.
“El proceso de salida de canes Perro Sin pelo del Perú hacia Europa es más largo que para otros perros”, me dice María Eugenia. “Quise traerme del Perú un perrito de esta raza pero me enteré muy tarde que había trámites específicos para ellos. A través de las actividades culturales en las que participa la Embajada conocimos a criadores de estos perros en Europa. Es así como llegó Quilla a casa”.
Quilla (nombre oficial: Sechura Quilla Pazzda) nació el 23 de abril de este año en un criadero de República Checa de reconocimiento mundial. El carácter y belleza física de la perrita confirman el profesionalismo y trabajo responsable y comprometido que yo he podido presenciar de los criaderos de dicho país. No me sorprende, pues, cuando María Eugenia me comenta que sus criadores con frecuencia le piden noticias y fotos de la perrita para saber cómo se encuentra, además de estar siempre disponibles para darle recomendaciones para su buen cuidado y tenencia.

Quilla no solo es una mascota querida, sino que, además, junto a las personas que trabajan con María Eugenia, es una activa promotora de la cultura peruana, ¡una verdadera embajadora canina! Y, sin embargo, Quilla es probablemente la primera perrita Sin Pelo que pertenece a una Embajadora o Embajador del Perú.
“Cada miembro peruano de nuestra Embajada es amante de su país y pone en valor nuestra cultura a su manera y con mucho orgullo”, me dice María Eugenia. “Quilla forma parte de la vida de la Embajada y de la promoción cultural. Desde una simple compañía en los quehaceres cotidianos, hasta la recepción de oficiales de otros países, Quilla se ha convertido en una representante peruana que revela mucho de nuestro pasado e historia”.
Está claro que a María Eugenia le gusta estar rodeada de perros y ahora, como Embajadora, en particular de su perrita Sin Pelo del Perú. “Creo que vale la pena tener un Perro sin Pelo del Perú”, me dice. “Por las particularidades de su raza, estilizados y sin pelo, llaman la atención de la gente, que te pregunta de dónde son. Esa es siempre una buena oportunidad para hablarles de esta raza milenaria peruana, acompañante de culturas pre incaicas como Vicus, Chavín y Moche, como lo atestiguan huacos, adornos e instrumentos musicales, y, luego, de los Incas. Contarles también que eran tan apreciados que tuvieron un rol en ceremoniales religiosos y, por el calor de sus cuerpos, usos terapéuticos antirreumáticos. Así sabrán que, hoy, al visitar Chan Chan o las Tumbas del Señor de Sipán, por ejemplo, los perritos que le dan la bienvenida a los turistas son parte del legado cultural de la civilización prehispánica”.
Al final de nuestra conversación le pregunto si aconsejaría a otras personas tener una mascota peruana: “Claro, pero siempre que estén dispuestos a tratarlos con dedicación y afecto. Son perros muy cariñosos y totalmente abocados a hacer felices a sus dueños, así que es lo menos que se merecen. Asimismo, ya que son patrimonio cultural de la nación, sería bueno que sus dueños se interesaran en informarse sobre la historia de estos perros”.
Me despido de la Embajadora y de Quilla y siento que este es solo el comienzo de una bella historia. Quilla es aún muy joven, y desde su lugar como embajadora canina del Perú en Rumanía, ahora y, en el futuro, donde la carrera diplomática de María Eugenia las lleve, tendrá la oportunidad de tocar las vidas de tantas personas de tantos lugares y enseñarles de la existencia de su raza milenaria, permitiéndoles pasar unos momentos con un perro muy especial, tal vez inspirándolas a tener ellas también un Perro sin Pelo del Perú en su vida.

Caminando de vuelta rumbo al Arco de Triunfo de Bucarest pienso en el gran triunfo que ha sido en estos últimos años el popularizar al Perro Sin Pelo en el mundo, y pienso cuán valioso sería para la diseminación internacional de la identidad cultural del Perú que más representantes oficiales peruanos en el mundo siguieran el ejemplo de nuestra Embajadora en Rumanía y contrataran una embajadora canina del Perú de la talla de Quilla.
APPP – ADPP (Association pour la protection du patrimoine péruvien – Asociación de defensa del patrimonio peruano)
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